viernes, 12 de febrero de 2010

MEJOR “NERVIONIZACIÓN” QUE “MESTALLIZACIÓN”

Corría el año 1948 y como bien nos contó nuestro amigo Antonio Ramírez, un poderoso Sevilla FC estaba jugando sus últimas bazas para meterse en la pelea por el título liguero, mostrándose intratable en casa pero irregular a domicilio. Por contra, un desconocido y lamentable Real Madrid se arrastraba por la categoría no habiendo logrado ni una sola victoria fuera de su feudo. Iba camino de segunda sin remisión por primera vez en su historia.

Llegó el momento del enfrentamiento de ambos equipos en el viejo campo de Nervión y diversos hechos hicieron sospechar al sevillismo de que algo se cocía. Hubo algún buen jugador sevillista que en esa ocasión, tras muchos años haciéndolo no jugó, la actitud del equipo hispalense no fue precisamente la demostrada en casa durante la temporada y los pitidos comenzaron a sonar cada vez con más fuerza. Hasta 14 balones fueron inutilizados, siendo pinchados conforme llegaban a la grada en los lances del juego. Para colmo el árbitro fue descaradamente afín al equipo madrileño, los pañuelos comenzaron a airearse y la bronca fue monumental porque el Sevilla FC perdió ante el Real Madrid que se salvó de bajar por este hecho. La “nervionización” estaba servida y ejecutada en toda regla.

Cuentan las malas lenguas que incluso hubo un asalto al palco y los paraguas en aquella lluviosa tarde de febrero volaban como lanzas y que algún coche acabó destrozado, pero de momento esta parte es leyenda urbana porque no se ha demostrado.

Nada más lejos de mi intención el hacer apología de la violencia, tan solo presento un testimonio y un hecho ocurrido, entre otros muchos, a lo largo de los años. Conocer la Historia debe servir de algo, porque sabiendo de donde venimos, podemos entender hacia donde vamos. Toda corriente de opinión debe tener su contrapartida o su antítesis, eso sí, conformada dentro de un sevillismo que debate con el respeto oportuno, no en vano somos sevillistas y las distintas formas de entender ese sevillismo tienen cabida en una masa social tan amplia como esta.

Lo que hoy se está dando a conocer como  “mestallización” no es un fenómeno nuevo, es un fenómeno muy antiguo y exclusivo de los equipos considerados grandes, que consiste en la exigencia al máximo por parte de los aficionados hacia su club y el equipo que lo representa. No en vano podríamos pasar horas analizando actitudes similares de los aficionados del Madrid o el Barcelona, muy parecidas a la mostrada por los aficionados valencianistas.

Me gusta –y es una opinión muy personal- que los sevillistas muestren su disconformidad  con su equipo, aún en la circunstancia de haber conseguido un pase a la final del Campeonato de España. Ello es una muestra de la madurez de una afición, que ya entiende que su club es un grande y le exige grandes objetivos, comportándose como tal. No en vano nuestro presidente reclamaba no hace mucho crisis de este tipo como seña de identidad propia.

Un presidente felizmente “Nervionizado”, o fiel al estilo de Nervión, cuando en aquella famosa asamblea batalló para hacer posible que determinados tumores  terminasen por desaparecer del sevillismo, como otro episodio histórico ejemplarizante de para todo aficionado sevillista que se precie.

asamblea

Cualquier cambio realizado no es gratuito y las grandes revoluciones siempre costaron y conllevaron efectivos, pero, ¿Que fue antes, el huevo o la gallina?

Yo preferiría hablar de “nervionización” o “apizjuanación” y no de “mestallización”, porque estas cosas ocurren desde hace muchos años ya en el sevillismo, mucho antes que en Mestalla con toda seguridad,  y por ello entre otras cosas, este club es el mejor y más grande de Madrid para abajo. Referirse a esta circunstancia, poniendo como ejemplo otro equipo, rebaja a nuestro club.

Ahora bien, demonizar este hecho que ocurrió cíclicamente a lo largo de la historia en el Sevilla FC es ir contra natura, no se pueden aplastar los sentimientos y no se puede hacer que “comulgue con ruedas de molino” una gran masa muy entendida que en la calle, en el bar, en el trabajo y en su familia hace crítica del juego de su equipo y del planteamiento futbolístico  de su entrenador. No se puede castrar y cercenar  el gusto por el buen fútbol. Su demanda explícita y el parámetro del “tan solo vale ganar” no debe ser el único computable. El sevillista gusta de buen juego, del arte convertido en fútbol que es algo a lo que no debe renunciar y debe exigir ante un plantel de muchos millones de Euros.

Tan solo hace falta que salte una chispa para que una bomba estalle y la chispa del cambio en el partido de ida de las semifinales ante el Getafe en Nervión, donde unas 18000 almas pudieron pitar y protestar la decisión del entrenador no es algo fortuito ni ocasional, que  aún equivocándose estos “pitadores”, como así se les ha venido en tildar, es claro síntoma de que algo está ocurriendo a nivel general y que no se trata de un “grupúsculo camorrista”.  ¿Cuántos de estos aficionados que se desgarraron la garganta en Getafe y fueron alabados y admirados por todos pitaron en el partido anterior? Muchos con toda seguridad ¿No es la misma afición acaso? ¿No siguen siendo fieles por haber pitado? ¿Quieren los que pitan el mal para el equipo de sus sueños?

Léame bien, exigir a su equipo no le hace mal sevillista como algunos intentan hacerle entender. La acepción “Hasta la muerte” conlleva un significado de fidelidad, pero de lucha sin lugar  a dudas, en contraposición a otras acepciones conocidas.

Obviar esta circunstancia es de ciegos, e intentar minimizar el hecho desde determinados estamentos, sobre todo internautas,  es una torpeza a desterrar que debe desembocar en que nuestros dirigentes analicen con serenidad, aunque con inmediatez, lo que está ocurriendo y tomen decisiones graves y contundentes.

No tengamos miedo a la “nervionización” del Sánchez-Pizjuán, tan solo los grandes clubes cuentan con ese componente único y exclusivo, privilegiado diría yo, algo natural por otro lado del mejor y más grande equipo andaluz.