Hoy no quiero acordarme de Fenerbahces, Sampdorias ni CSKAs. Tampoco de Getafes y Bibaos, ni de Garcías, ni Jiménez… Hoy quiero acordarme del único club andaluz que ha paseado el nombre de su tierra por Europa. Del único club de esta ciudad que es admirado en todo el mundo y que ha puesto en boca de todos un vocablo de siete letras: Sevilla.
Porque solo tú sigues siendo el más grande, el gran equipo andaluz de todos los tiempos, el de los colores blanco y rojo, el azote de los ciegos de verde envidia, porque solo tú puedes perder en la cima, bajando la mirada solo para contemplar a los que lloran su triste destino en la sima.
Gracias un año más. Gracias por el cimbreo de las estrellas en el corazón de Nervión bajo los acordes inspirados en "Zadok the Priest", por darnos la oportunidad de que el viejo continente tararee bajo los sones de “El arrebato”, el verbo revelado. Gracias por ondear la bandera bajo vientos norteños, continentales vientos reservados para los dioses del Olimpo. Gracias por los vellos de punta, por la emoción inigualable.
Porque tus victorias dan gloria a esta ciudad, a todos los que bajo tu nombre, “Sevilla”, habitan sin distinción, y tus derrotas empequeñecen aún más a tus detractores, a los que moran en el fango balbuceando a duras penas tu nombre y te hacen más grande.
Gracias hoy, a ti, por hacerme más sevillista aunque hayas perdido.