domingo, 5 de diciembre de 2010

TIEMPOS DE CAMBIO

Bendita afición. No sé qué es mejor, si el aborregamiento y el sibuanismo mesiánico de otros lares, o la crítica despiadada del sevillista protestón que despelleja y descarna hasta dejar en el hueso a propios y extraños.

No lo duden. La segunda opción, que no es una definición, es con la que se identifica a esta afición, aunque dicho sea de paso, tampoco es muy agradable sobre todo en estos momentos de horas bajas. El “hasta la muerte” tiene estas cosas, si el equipo pierde deben rodar cabezas y de conformismo nada de nada. El equipo debe ganar y en algo nos diferenciamos.

Pero muchas veces pienso que si uno fuese tonto, (en este caso da exactamente igual ser feo), quizá no doliese tanto aquello que naturalmente debe llegar tras una época de gloria como la que recién acabamos de vivir. Ningún equipo en el mundo vivió dicha gloria tantos años seguidos y el ciclo acabó hace unos meses, venimos diciéndolo desde que lo sentimos así, oportunismo mediante que no dejaremos escapar, más que nos acusen.

Y es que el sevillismo no se casa con nadie, aún en momentos felices los ojos se clavan en la nuca de los dirigentes exigiendo que el pan y la sal blanquiroja no falte en la mesa de los comensales al banquete de juego que debe hacer, sí o sí, este Sevilla FC. Es exigible pase lo que pase.

Pues imaginen ahora que el equipo no da pie con bola, nunca mejor dicho, a pesar de la corriente, -quizás contracorriente- que en los últimos años existe con esos patéticos intentos para intentar domesticar a esta afición con ciertos altavoces mediáticos, y donde actualmente se desentierran las hachas de guerra tras la paz firmada con la ida de Jiménez. Incluso ahora quieren hacerle bueno, eso sí, Dios me libre de pensar que fuese malo so pena de crucifixión invertida como a San Pedro a pesar del libre pensamiento que teóricamente tenemos en este país.

Y como las cosas no cambien me veo venir en los siguientes años el grito de “otro año igual”, algo evitable que está en las manos de los únicos que lo pueden cambiar y estos son nuestros directivos con su presidente a la cabeza. Y que conste que estas épocas de crisis son las que le gustan, dicho por él mismo, todo un reto que en estos momentos debe afrontar.

Tras muchos años de “balsa de aceite” en que se convirtieron las Juntas de Accionistas, la de este año se presenta calentita. La gestión eficaz, el superávit, el acierto en los fichajes y el marketing espectacular, tienen un bagaje en negativo desde hace algún tiempo, en el que la gestión no gusta, el superávit ha decrecido, los fichajes no rulan y el marketing nos vende que los colores de las camisetas del Sevilla FC no son de un blanco níveo, sino de tonos rosas chicle, azules cobalto y flúor anaranjado, aderezadas con una banderita allá donde salgamos de España y pongamos un pie en Europa.

Crisis deportiva, crisis en la gestión, (que no crisis institucional, que eso es otra cosa), y ahora toca tirar de inteligencia y no de obcecación para presentar unas expectativas de futuro consensuadas, oyendo al sevillismo sin desmerecerlo, en cuyo caso contrario el harakiri virtual programado estará asegurado.

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Dos personas están en el punto de mira. Por un lado Ramón Rodríguez Verdejo, Monchi como objetivo de las críticas feroces, (algunas desquiciadas en algún blog escritas tras el calentón frente al PSG), que deberá afinar mucho a partir de ahora en los fichajes, pues los fallos superan a los aciertos en demasía. Si Monchi fue aplaudido hasta la saciedad por sus éxitos, ahora debe “apechugar” por sus fracasos. Dos más dos son cuatro. Eso sí, no se pierdan a la maquinaria mediática hacer campaña como con Jiménez y ante la que prefiero sentarme como espectador en este gran teatro en el que tengo asiento de primera fila para observarlo.

Por otro tenemos al mismísimo Presidente de la institución, del que a pesar de las críticas soy admirador, (recuerden que soy sevillista y por lo tanto crítico y protestón), que deberá capear como buenamente pueda esta primera crisis desde hace muchos años.

En definitiva, en esta vorágine de acusaciones, cabreos, exigencias, voces, dimes y diretes, debe prevalecer una cierta objetividad, coherencia, responsabilidad de todos, para preparar un Sevilla FC de futuro que vuelva a llevarnos a tener eso que se llama “sonrisa permanente”, que no nos la quita ni Dios.

La Junta de accionistas debe hablar y algunos deberán oír, tomar nota y mucha.

Y no. No se me ha olvidado que somos el actual Campeón de España y el eterno Campeón de Andalucía.

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