Fueron algunas las voces que desde hace dos años, al menos, propugnábamos por un ‘cambio de ciclo’ en el primer equipo del Sevilla FC. Es algo que se veía desde la perspectiva de un análisis frío de la trayectoria del equipo. Mientras se pretendía reforzar o apuntalar un grupo humano que indefectiblemente por el paso del tiempo -y de forma natural- tendría que bajar su rendimiento, o bien sus unidades recibían ofertas de clubes mayores, como venía ocurriendo con la ‘Generación del Centenario’ que colmó de gloria las expectativas del sevillismo, se obviaban proyectos de futuro que incidiesen en la idea de equipo grande y sobre todo en su continuidad.
No fueron pocas las voces que se mofaban de esta demanda del cambio de ciclo. Pocos entendían que para que un club sea grande, al poco que surjan de forma continuada crisis en el juego, los sistemas no funcionen o cunda el desencanto en la grada, las alarmas deben encenderse y se debe discernir entre apuntalar el proyecto existente o bien apostar por la renovación en un proyecto de futuro a corto y medio plazo.
Y no es que seamos inconscientes de las posibilidades del Sevilla FC frente a los gigantes, que a mí me gusta llamarles “ricos”, con el flujo de dinero a espuertas que ingresan para poder renovar grupos humanos en su casi totalidad, no van por ahí los tiros, pero renovar significa apostar por un estilo que define y dota de personalidad al juego sevillista; trabajar para buscar los resortes para mantenerlo en el tiempo, que pasa, no solo por buscar el mejor entrenador posible sin más, sino el mejor entrenador posible que sea capaz de entender la idea de juego que el equipo sevillista debe practicar. Es necesario mantener una visión global por parte de los dirigentes en esa dirección.
Dotar al Sevilla FC de un entrenador como Juande Ramos y construir un equipo como el de la ‘Generación del Centenario’ al que dirigir, no debe ser fruto de la casualidad o de la suerte. Los dirigentes deben ser capaces de demostrar que aquella idea de 2006 fue un proyecto para sentar las bases de un Sevilla grande con visos de futuro y no una casualidad.
En este sentido fueron graves los errores a posteriori, pues los refuerzos no dieron la talla para mantener el juego, ni los entrenadores que llegaron fueron capaces de comprender esto. Y no es que uno entienda que Jiménez, Álvarez o Manzano fuesen mejores o peores entrenadores, es que no fueron capaces de replicar el sistema de juego de aquel Sevilla FC y que el sevillismo esperaba.
Hay quien entiende que cuando se pide que el Sevilla FC juegue bien, estamos hablando de “jogo bonito” o de “taconcitos” y cosas por el estilo. Pero nada más lejano a la realidad, cuando hablamos de jugar bien, hablamos del juego al estilo sevillista que mejor resultado nos ha dado: velocidad, bandas mortales, presión agobiante al contrario, … con jugadores que atesoren esa calidad en unos mínimos, no en vano no estamos en divisiones inferiores, estamos inmersos en la Liga de las estrellas.
Ganar por ganar, sí, pero no me veo a este Sevilla jugando al catenaccio italiano, donde ganar se gana, ciertamente, por la mínima siempre y con las gradas vacías tal y como podemos ver en la mayoría de los estadios italianos porque aburren hasta a las ovejas. ¿Eso es lo que prefieren aquellos que defienden que hay que ganar como sea?. “Ganar como sea”, es algo que debe darse puntualmente cuando el equipo no funcione en determinadas ocasiones, pero no por sistema, que es lo que parece que propugnan algunos.
El sevillista gusta del buen juego de su equipo y no es que los demás le hagan ascos a esto, pero el sevillista siempre exige en este sentido un punto más. El “Hasta la muerte”, perdonen mi insistencia sobre esto, conlleva esa exigencia natural en la que cuando se pierde, o incluso cuando se gana jugando mal, critica hasta la extenuación a su Club. El sevillista no es un conformista, pero jugar bien, ser fieles a un estilo que nos da resultados, hará que ganemos más veces que las que perdamos. Esto es impepinable.
Estos días he podido escuchar al presidente sevillista lamentándose por no haberse dado cuenta antes de que era necesario un cambio de ciclo antes. Los que se mofaban de esto, que algunos repetimos varias veces, ahora callan. Podrá salir bien o podrá salir mal, en el fútbol no hay nada seguro, pero que nadie me quite la idea de que nuestros dirigentes han trabajado para conseguir ser fieles al estilo sevillista.
La cantera debería trabajar justo para conseguir ese tipo de jugadores, aquellos que necesitamos para conseguirlo.
Ese cambio de ciclo parece que se ha puesto en marcha: un entrenador que entiende a priori esa forma de jugar, unos jugadores que prometen junto a otros que lo han demostrado. Tengamos esperanza.