Lo he dicho, alguien me lo ha recriminado, pero sigo pensándolo así. No he visto en el Athletic Club de Bilbao un equipo mejor que el mío. Eso sí, ha ganado debido a dos hechos fundamentales: uno por la concatenación de infortunios en el segundo gol recibido y por el juego plano en ataque del Sevilla FC.
No se sabe por qué cosas de la fortuna seguimos en el quinto puesto y en posiciones europeas tras los últimos partidos, quizás porque la media inglesa inicial sirvió de mucho.
Se abre un nuevo debate en el sevillismo, quizás porque estos debates gustan mucho en nuestra parroquia, cuando pensamos, comparando, si nos equivocamos de entrenador a la hora de ficharlo, frente al que llegó dirigiendo deportivamente del club bilbaíno. Y qué quieren que les diga, el Ath. Club tampoco es que esté muy despegado en la clasificación, su hacer por tierras norteñas tampoco ha sido como para tirar cohetes y andamos a la par, todavía por encima de ellos, esperemos que por mucho tiempo.
No podemos olvidar las circunstancias en las que se desarrolla el posible fichaje inicial de Bielsa a principios de temporada, donde este entrenador pretendía hacerse cargo e intervenir en muchas parcelas del equipo sevillista, amén del dineral pedido. Un entrenador que no casa con el sistema de dirección deportiva establecido en el Sevilla FC.
Marcelo Bielsa fue la apuesta electoral de un presidente que lo exhibió para ganar votos, cosa que consiguió, en un equipo rico que no necesita hacer grandes desembolsos en jugadores y en fichajes rumbosos y que se explaya cuando de un entrenador se trata, pues el RH vasco parece que no va con los entrenadores, pero sí con los jugadores.
Estas circunstancias de partida son muy distintas a las del equipo sevillista, donde se puede invertir verdaderos dinerales en la persona que dirigirá el equipo, porque lo tienen, dicho sea de paso.
Aterrizando en nuestro Club, llega el momento en que se encienden las alarmas. El toque de atención severo debe llegar a oídos de Marcelino por parte del Consejo de administración sevillista, al que le va urgiendo poco a poco llegar a la Junta de accionistas con cierto colchón de puntos para que se convierta en la balsa de aceite de los últimos años. Lo último que le hará falta al Sevilla FC será una Junta revuelta debido a los resultados deportivos.
Algo debe cambiar en este equipo plano en ataque, fallón en las ocasiones importantes de los lances del juego en defensa que se desarrollan en los momentos clave, sin el portero salvador de los primeros partidos, (dicho sea de paso, poco pudo hacer en el primer gol Javi Varas, algo más en el segundo), sin la contundencia defensiva a ratos –miedo me dio en alguna ocasión en las que nos presionaron arriba sin poder sacar la pelota- y con un sistema de ataque que se disuelve como un azucarillo cuando llega a 3/4 de campo y sin ideas. Échense a temblar si el equipo contrario inicia un contragolpe tras la pérdida del balón en ataque, una de esas tantas veces que lo perdemos.
Mucho deberá trabajar Marcelino, en poco tiempo además, para lavar la cara a este equipo ramplón, que tiene más calidad de la que es capaz de demostrar en el terreno de juego.
Del árbitro mejor ni hablamos.
Y con esto y un pimiento, una crónica de cumplimiento.
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