Me lo dijo mi amiga Patricia Sánchez esta tarde: a partir de hoy todo va a cambiar. Yo no estaba muy convencido, la verdad sea dicha tras ver los últimos partidos, pero yo le tengo mucha fe a Patricia que se preparaba para hacer su programa de SFC Radio.
Llegamos temprano al estadio y nos sentamos en nuestro sitio habitual. Una rasca que pelaba a los pollos y los ‘Rude Boys’, (así se llaman), del equipo alemán copaban la jaula en la que entraron calentitos, parece ser, porque la poli le dio por repartir caldo de gallina antes del partido, según pudimos saber.
Los teutones, (y las teutonas), copaban todas las plazas en número de cuatro mil al menos. Enfrente sonido de grillos ya que los Biris no llegaron aún, cuatro gatos sevillistas en el estadio viendo saltar a los 4000 estos y cantar de forma que no entendíamos los pocos cristianos que allí nos encontrábamos aún. Qué griterío, qué potencia, parecía que nos iban a comer. No paraban.
Como por arte de magia aparecieron los Guardianes de Nervión, que sin darse uno cuenta ya competían en cánticos con los amarillos de Dortmund. Los jugadores estaban a punto de salir.
Tres minutos antes suenan los acordes del Himno del Centenario sinfónico y treinta mil gargantas lo entonan cuales ángeles al unísono. Impresionante.
Los alemanes mudos sacan las cámaras y miles de flashes desde la jaula fotografían al estadio cantando su himno. Fliparon. No tenían otra.
Uno a cero. Primer gol del partido marcado por la afición.
En cuanto al partido comenzaron a marcar los alemanes muy pronto.
Yeahhh!!! vociferaban los germanos, (no gritan ‘gol’ con lo fácil que es el monosílabo).
Nubarrones negros en Nervión. El Sevilla FC estaba eliminado en esos momentos. Algunos jugaron como el peo, (perdón por la expresión). Yo mismo, que me considero una persona muy pacífica, habría saltado al césped con los ojos ensangrentados a pegarle un bocao a alguno en el pescuezo.
¡Chico! echa la pelota al que tienes al lado, es muy fácil, y el de al lado que se la eche a otro… pero no. Parece que se han olvidado que el balón es esférico. Menos mal que pronto les llegó la memoria –a ratos- y pudieron comenzar a enderezar el partido marcando dos goles como dos soles.
Por favor, que acabe el primer tiempo así. Y acabó.
En la segunda parte, tras un bocadillo de pavo que supo a gloria bendita, el Borussia vuelve a marcar pronto, todavía con la boca llena del último bocado al crujiente pan. Qué trabajito tragárselo, la noche se presentaba más negra, más fría y “a cara de perro”. Un rezo cortito para que a nuestros jugadores no les falte la memoria de nuevo. A todo esto yo soy agnóstico, pero me daba igual.
Nervios. La musculatura del cuello comienza a crujir. Varios ¡uyss! de los nuestros y muchos ¡ay,ay, ay! cuando se acercaban los teutones, (en el terreno de juego no había teutonas), que finalmente, ante los silbidos de la afición que parece hicieron su efecto cuando ellos tenían la pelota, no daban pie con bola, nunca mejor dicho.
Ese tanto también lo marcó la afición dicho sea de paso.
Pero nuestros jugadores lo hicieron bien en honor a la verdad. Supieron controlar el partido hasta el final. Felicidades.
Pasamos a la siguiente ronda europea. A los tontos que se han alegrado cuando íbamos perdiendo, (y no me gustas señalar), que guarden los cohetes para la siguiente ocasión.
Pretendía hacer una crónica del partido, he releído el escrito, pero ya ven, no sé. En esto soy una calamidad. Qué desastre.
Menos mal que tengo grandes compañeros en la blogosfera sevillista para que me informen y se informen ustedes porque lo hacen divinamente y con todos los datos técnicos del partido. Nuestro amigo Cornelio ya está haciendo cuentas para publicar mañana, aquí y solamente aquí en La Palangana, la posición que ocupamos en el Ranking tras este partido. No se lo pierdan.
Vamos mi Sevilla, vamos campeón.